sábado 23 de mayo de 2009

CRIS Y PARÍS



Mi querida Cris:
Mil gracias por ese correo tan bonito. Esta mañana, cuando abrí mi cuenta, con toda la pereza del mundo por tener que revisar y contestar los recibidos de una semana, pincho en el tuyo y gmail se ilumina. Mi niña querida, mi queridísima amiga Cristina, me escribe para contarme que va muy deprisa, que no tiene tiempo de llamarme, que Álvaro ya está en casa, que Javier la ha llevado a ver tenis a la Caja Mágica, que tienen que arreglar todo el papeleo y preparar el viaje a París.
Tantos días sin vernos... Entonces, me acuerdo del viaje que han organizado los abuelos Gutiérrez-Solana para toda la family. ¡Os váis a París! ¡Qué maravilla!. Bueno, ya estaréis por allí, por lo que me cuentas, salísteis el jueves.
Y me trae a la memoria, cómo no, a mis padres. Aquel viaje a París nevado que hicimos en el...77? Nunca se me olvidará. Disfrutad y acordaos de esta princesa venida a menos, que todo lo mejor ya lo vivió cuando tenía que vivirlo. No más París...
Me envías también un pps preciosísimo. Sabes que tengo acumulados tus correos con reenvíos porque me falta ese rato para abrirlos, bueno, los tuyos y los del resto de mis amigas (sorry a todas). Pero éste lo abrí. Y me confortó. Pensé en mí. En Juan. En todos. Y pensé que esas fotos, esas palabras eres tú. Tú eres así, Cris, pureza. Cada día estoy más contenta de haberte conocido. Me has dado mucho, me das mucho, cada año, más. Porque, al paso de los años, te valoro más y más.
Quiero volverte a decir la envidia que me das. Por tener un carácter tan alegre, por no retorcer los pensamientos, por aceptar a cada cual como es. Por tener un marido que te quiere y te cuida tanto. Sabes cuantísimo ansié yo eso. Lo sabes mejor que nadie. Y hoy, cercana a los cincuenta, vuelvo a mi ser, a mi origen, a la esencia con la que nací. Siento lo mismo que ayer. Y, sin amargura pero con sinceridad, reconozco que eso es lo que falta a mi vida. Un amor para siempre. El amor que soñé. El sueño de cuento de la princesa que todas las mujeres somos y soñamos. Reconozco y te escribo lo que me negaba a decir cuando me separé de mi marido: he tenido un fracaso, el fracaso con mayúsculas, he fracasado en el amor. Así es. Y así hay que decirlo. Me alegro, pues, de que estas palabras puedan por fin salir de mi boca y de mi corazón, con la sencillez que sólo la perspectiva da.
Cris, te quiero mucho, lo sabes. Reparte besitos desde abuelos a nietos, pasando por Javier y terminando en el más gordo sólo para ti. Muak!
Gloria