Me encanta. Por fin, los expertos (no sé quiénes), los científicos (no sé cuáles) y los estudios sin fin (ignoro la categoría) han hablado, con lógica, con base fundamentada y con estudios irrebatibles sobre la meditación. La novedad en esta ocasión es que, de la misma manera que el ejercicio físico hace crecer los músculos, el yoga y la meditación hacen crecer el cerebro. ¡Toma primicia! Pues sí, dicen ellos -los que saben y los demás somos tontos- que queda científicamente demostrado que la práctica asidua de la meditación genera un considerable aumento del hipotálamo y el hipocampo, lo que tiene como fruto un proporcional desarrollo del equilibrio mental.
¡Ya está!, ya nos podemos poner todos a hacer meditación diaria. Bueno, mirándolo, como siempre hago, por el lado positivo, si ésto sirve para que, a la voz de los super sabios, los borreguitos nos pongamos las pilas meditativas, sin saber muy bien por qué los estamos haciendo exactamente, bien estará porque, antes, durante o más tarde, nuestros cerebros, que no son tan tontitos, percibirán por sí mismos los innumerables beneficios de este hábito.
Ciertamente es así, puedo dar fe, después de treinta años haciendo lo propio a primera hora del día. Conté alguna vez, creo, que se lo debo a mi amado hermano Javier, que junto a papá descansa. Él, que me veía cual vespa madrileña, me inició en las maravillas del yoga y la meditación. Al principio aquéllo me daba risa, tal era mi visceral locura frenética y urbanita. Pero, pronto empezó a calar en mí esa filosofía ancestral y cálida, que sólo me ha dado felicidad creciente. Gracias, Javi, amorcito lindo y precioso de tu hermana.
No se puede meditar de cualquier modo, claro está, como todo, tiene su intríngulis, que, si uno se deja llevar, no tardará en conducirte a la voluntad de la práctica, hasta que no muy tarde se convierta en algo imprescindible en tu agenda. Gracias a la meditación yo no estoy tan pirada como cabía esperar. Gracias a ella he aprendido a ir conquistando, día a día, el equilibrio que todo ser humano necesita para caminar por estos andurriales que parecen difíciles, pero que no lo son tanto con la ayuda de ese amor que brinda una meditación bien estructurada.
Tengo que irme. Hoy es San Isidro Labrador. Pero, en la city. Mis enanos tienen cole, aunque van a celebrar un San Isidro en chiquitín en las aulas.
Seguiremos meditando.




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