Sólo en ti mi belleza es patente. ¿Desde cuándo no miro mis ojos buscando los tuyos? Acaso en el destierro en que te hallas, huelga ver un querer encontrar. Y no lamento todos estos pensamientos que son tuyos. Ni que un día dijeras que no hay nada. Que todo ya está muerto. No quiero saber si el tiempo es tiempo o la nada nada. Sé que sólo en ti mis palabras son algo. Sólo si tu me miras, es mi carne carne. Y mi alma eterna.
En medio de todos, ayer, estabas tú. Éramos doce. El impar, hoy, después de tanto llevarlo escrito en la frente, me sobra. Ya no hay impar en mí. Nunca, desde que me besaste, volví a sentirme impar. La soledad me acoge de otro modo. Esperándote. Están tus besos, todos, esparcidos por mí, sin descansar. Aunque, sólo en ti mi risa sea eco para el mundo. Y mi nombre sólo en tus labios suena como es.
Vendrá la brisa de tu abrazo a templar los surcos que ahora veo en mi rostro. Sólo cuando eres tú el que los miras, se tersan, se borran, desvaneciéndose.





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