Dicen que hay amores que matan. Y es verdad. Bueno, si les permites esa licencia. Ocurre que no estamos preparados para no permitirlo. Buscamos el amor incansablemente. El amor de hombre. El amor de mujer. Puede que tengamos en nuestro haber mil éxitos, mil metas conseguidas, casi todos los sueños cumplidos (aunque, suele costar toda una vida alcanzarlos). ¡Ay!, pero si no disfrutamos de un amor de hombre o mujer, de un amor de pareja 

que colme nuestras expectativas, la vida, los días, las horas que pasan delante de nuestros ojos como flechas por el aire, no son lo mismo.
Hace tiempo que practico un trabajo interior, espiritual, con el que quiero desasirme de muchas ataduras. Años de entrenamiento diario me han regalado muchas libertades en ese sentido. Me quedan otras tantas, o más, por conquistar.
Sin embargo, no hay manera de que este espíritu mío, nuestro, universal, me convenza de que no necesito un hombre a mi lado. No cualquiera, no. Mi hombre, el de mi vida, ése que nació para mí y yo para él.
Y es que me ahogo, literalmente, cada vez que pienso en ti. Tu ausencia duele como esa flecha veloz que va por el aire para clavarse en su diana con toda la fuerza que le proporciona ese diáfano camino. Este viaje laaargo en el que estás embarcado me está matando. Y, aunque parezca mentira, en la era de la mega comunicación tecnológica por excelencia, no hay canal que nos haga converger. Estás tan lejos que no tienes cobertura en tu móvil y tu super moderno portátil, con el bichito ese que se engancha para los seis megas de velocidad, pincha no más. Donde elegiste ir mora la incomunicación. Claro que, según se mire, eso también es bueno.
Como hoy es tu santo: FELICIDADEEES!!!. A algún lugar llegarán estas palabras. Al menos, me siento confortada escribiéndolo. Porque sé que, antes o después, en esta vida nuestra, todo llega donde tiene que llegar.
Por supuesto, antes me acordé de ti, papi, mi primer Juan, el hombre por el que sé que ese amor de hombre existe. Jackie, Rossío, Palo, Ara, Lola, más un largo etcétera de mujeres amigas, se empeñan en que contigo se rompió el molde. Han tenido el privilegio de beber día a día el incondicional amor que sientes por mamá. Lo han visto. No ha sido un sueño. No ha sido una quimera. Ha sido verdad. Una verdad muy verdad, ya lo creo. No se me ha olvidado incluirme entre tus admiradoras, lo he hecho intencionadamente. A ver, sabes que mi admiración es un hecho, la envidia sana que siento por cómo quieres a mamá, también. Lo que pasa es que yo, por ser yo, este ser incorregiblemente confiado, esperanzado y soñador, sé que el mundo no ha podido tener únicamente un hombre que ame a una mujer como tú lo has hecho. Eso NO es posible. Hay más. Y uno de ellos es el que me corresponde. Mi otro Juan. Ése es. Tú lo supiste en cuanto te conté esa preciosa historia de cuento de hadas que me sorprendió un día de enero en la bandeja de entrada de mi cuenta de correo electrónico.
Papi, yo sé que tú me ayudas en todo momento. "Nena, ten paciencia, eres muy impaciente. Aprende a esperar". Ok. Seguiré esperando. Seguiré creyendo, ensanchando mi fe. Te quiero, papi. Muak muak.
Y a ti, gordito flin flon. Radio vaticano te extraña. Muak muak.




2 comentarios:
Hola, Gloria.
Somos un grupo de personas que seguíamos a Maria Amelia, la "abuela bloggera" (amis95.blogspot.com) recientemente fallecida.
Estamos intentando llevar adelante un proyecto consistente en instaurar un premio con su nombre que iría destinado a las personas mayores que tengan o decidan crear un blog. Pretendemos incentivar la incorporación de los ancianos a las nuevas tecnologías y a adoptar en general un participación activa en la sociedad.
Si simpatizas con la idea, te invitamos a conocernos y darnos tu opinión. Para nosotros es muy importante.
¡Te esperamos!
Un saludo afectuoso.
¿Habías recibido ya antes esta invitación? En ese caso, te pedimos disculpas.
Por supuesto que podéis contar conmigo. Entraré a veros y enterarme del tema.
Un besito.
Gloria
Publicar un comentario en la entrada