Con los ojos cerrados, tu beso está más en mí.
Sé que te gusta que sea toda beso,
aún sin besar. Aún sin tu beso viajero.
Ese beso largo y dulce, que me cierra los ojos
para sentirte más en una piel que tanto te extraña.
Sé que me sueñas con párpados entreabiertos.
Temes que si cierras los ojos de tu cuerpo
y abres los del corazón, no puedas jamás
salir de mis labios tejedores de miel.
Quiero que vuelvas pronto de ese viaje.
Allá, donde tú estás, impera el frío.
Y los paisajes helados y desiertos
no dejan que el calor dé vida
a tu corazón de fuerte guerrero.
Cierro los ojos para abrazarte durante
toda la noche. Así, dulcemente, acariciándote.
Sé que en las noches de aquel lugar inhóspito
sientes aún más frío. Y te beso. Y te acuno.
Y me acurruco dentro de tu pecho enorme.
Porque si no, no duermo. Antes, mi amor, necesito
colarme dentro de tus brazos. Y amarte.
Amarte tanto que ya no sea yo.
Amarte tanto que la distancia
no signifique nada, excepto más amor.





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