lunes 29 de junio de 2009

CUANDO LA LUNA ESTÁ CRECIENDO, PIDE.


De todos es sabido que cuando la luna está en creciente hay que cortarse el pelo porque así crecerá más sano y fuerte. Y, cuando la luna crece hay que pedir más porque lo que se nos dé también se multiplicará.
Lo que quieras, pídelo. Pídelo con fe, con confianza, con la seguridad de que lo tendrás. No estoy hablando de cosas, aunque también. Hablo de prosperidad a todos los niveles: material, espiritual, emocional, de salud. Llámalo oración, llámalo meditación, llámalo universalidad. Llámalo como quieras, pero no dejes de pedir.
El universo es un flujo perfecto de causalidades. Somos maravillosa naturaleza que se tiene que manifestar en todo su esplendor. Y uno de los medios para que nuestro ser cumpla su misión es pedir. Hay que pedir lo que queremos y hay que hacerlo todos los días. Cuando tenga que llegar, llegará, pero seguro que llegará, no lo dudes ni un segundo.
Y ¡cuidado con lo que piensas!. El pensar inconsciente es una forma de pedir. Pensamos tantas cosas a lo largo del día... Pero, no siempre pensamos correctamente, como debemos, utilizando nuestros pensamientos como una forma de oración. Pensando lo que deseamos. Y apartando los pensamientos que nos hacen mal.
Si echas la vista atrás, tomando hechos que han ocurrido en tu vida y das unos pasos aún más allá en el tiempo pasado, puedes descubrir fácilmente que eso que ocurrió lo llevabas pensando tiempo y tiempo y ni siquiera te habías percatado de ello.
Es imposible que ocurra nada que no hayas pedido. Lo que ocurre es porque lo deseas. Lo que no sucede es porque no lo deseas (UCDM).
Si estás atento y haces un ejercicio diario para averiguar lo que piensas, la mayoría de las veces te sorprenderás a ti mismo pensando algo que "se te ha colado", que tú no has puesto voluntariamente ahí.
Y no debes dejar que malos pensamientos aprisionen tu mente. Porque ya lo dijo Buda: "Somos lo que pensamos. Con nuestros pensamientos creamos el mundo".
Así que yo esta noche voy a pensar en la luna y en su cuarto creciente. Y le voy a pedir todo lo que deseo.
Y me lo va a traer. Eso sí, el momento no lo elijo yo. Vendrá cuando tenga que ser. Cuando lo que tenga que converger, lo haga.
Luna, lunita de mis amores
tráeme abundancia de colores.
Tráeme sonrisas, tráeme ilusión.
Tráeme la magia del corazón.
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Dulces sueños tendré bajo tu luz.

miércoles 24 de junio de 2009

SAN JUAN, DOS HOGUERAS EN MI CORAZÓN

Dicen que hay amores que matan. Y es verdad. Bueno, si les permites esa licencia. Ocurre que no estamos preparados para no permitirlo. Buscamos el amor incansablemente. El amor de hombre. El amor de mujer. Puede que tengamos en nuestro haber mil éxitos, mil metas conseguidas, casi todos los sueños cumplidos (aunque, suele costar toda una vida alcanzarlos). ¡Ay!, pero si no disfrutamos de un amor de hombre o mujer, de un amor de pareja
que colme nuestras expectativas, la vida, los días, las horas que pasan delante de nuestros ojos como flechas por el aire, no son lo mismo.
Hace tiempo que practico un trabajo interior, espiritual, con el que quiero desasirme de muchas ataduras. Años de entrenamiento diario me han regalado muchas libertades en ese sentido. Me quedan otras tantas, o más, por conquistar.
Sin embargo, no hay manera de que este espíritu mío, nuestro, universal, me convenza de que no necesito un hombre a mi lado. No cualquiera, no. Mi hombre, el de mi vida, ése que nació para mí y yo para él.
Y es que me ahogo, literalmente, cada vez que pienso en ti. Tu ausencia duele como esa flecha veloz que va por el aire para clavarse en su diana con toda la fuerza que le proporciona ese diáfano camino. Este viaje laaargo en el que estás embarcado me está matando. Y, aunque parezca mentira, en la era de la mega comunicación tecnológica por excelencia, no hay canal que nos haga converger. Estás tan lejos que no tienes cobertura en tu móvil y tu super moderno portátil, con el bichito ese que se engancha para los seis megas de velocidad, pincha no más. Donde elegiste ir mora la incomunicación. Claro que, según se mire, eso también es bueno.
Como hoy es tu santo: FELICIDADEEES!!!. A algún lugar llegarán estas palabras. Al menos, me siento confortada escribiéndolo. Porque sé que, antes o después, en esta vida nuestra, todo llega donde tiene que llegar.
Por supuesto, antes me acordé de ti, papi, mi primer Juan, el hombre por el que sé que ese amor de hombre existe. Jackie, Rossío, Palo, Ara, Lola, más un largo etcétera de mujeres amigas, se empeñan en que contigo se rompió el molde. Han tenido el privilegio de beber día a día el incondicional amor que sientes por mamá. Lo han visto. No ha sido un sueño. No ha sido una quimera. Ha sido verdad. Una verdad muy verdad, ya lo creo. No se me ha olvidado incluirme entre tus admiradoras, lo he hecho intencionadamente. A ver, sabes que mi admiración es un hecho, la envidia sana que siento por cómo quieres a mamá, también. Lo que pasa es que yo, por ser yo, este ser incorregiblemente confiado, esperanzado y soñador, sé que el mundo no ha podido tener únicamente un hombre que ame a una mujer como tú lo has hecho. Eso NO es posible. Hay más. Y uno de ellos es el que me corresponde. Mi otro Juan. Ése es. Tú lo supiste en cuanto te conté esa preciosa historia de cuento de hadas que me sorprendió un día de enero en la bandeja de entrada de mi cuenta de correo electrónico.
Papi, yo sé que tú me ayudas en todo momento. "Nena, ten paciencia, eres muy impaciente. Aprende a esperar". Ok. Seguiré esperando. Seguiré creyendo, ensanchando mi fe. Te quiero, papi. Muak muak.
Y a ti, gordito flin flon. Radio vaticano te extraña. Muak muak.

lunes 22 de junio de 2009

CUANDO LA CIUDAD DUERME...



...yo quiero amanecer. La hora bruja de los colores mágicos en el corazón que emana vida camina hacia esas horas en que el ser humano necesita ir de caza para conseguir el sustento diario.
Y este instante en el que cada cual sueña con lo que quiere o puede, en que los bebés mueven sus tripitas en un son indescriptible con el pálpito de la tierra, en que un hombre y una mujer se acarician más allá de ayer y de mañana, es el instante de la fertilidad del alma.
Ya me gustaría a mí despertar cada día a esta hora sin cabecear durante el día. Ya quisiera yo que cada madrugada tu mano tomara la mía y me pusiera en pie para regalarle al mundo mi primer suspiro del día, mi primer pensamiento fértil, mi primera sonrisa a las estrellas.
No puedo evitar que las estrellas fueran siempre mis amigas. No puedo evitar mirarlas cada noche y, cuando tú vienes a mí, cada minuto previo al amanecer. Ellas son como el agua. Nunca dejan de brillar y de nutrirme. Y de contarme, aconsejarme, susurrarme las líneas maestras del día.
Sin embargo, ahora, rondando el medio siglo, resulta que necesito dormir mucho, que mis energías se apagan como una velita, a media mañana, cuando todos casi se están desperezando en este país nuestro tan sui generis, si es que he osado amanecer contigo. Con tu mano. Con tu beso. Entre los pliegues dorados de tu pureza. Y restriego mi hábito cotidiano de hielo por toda la cara, sintiendo el gélido abrazo de toda la sangre del mundo palpitando dentro y fuera de mí. Y fumo. Y voy, ya, por el tercer café... Y termino de despertarme. Pero, más tarde, ¡ay!, allí estará la espada de la somnolencia amenazándome a lo largo de todas las horas.
Y es que estuve tantos años sin dormir por aquel amor. El de siempre, el de toda la vida. Al que me entregué con la ternura y la ilusión de los dieciséis años y al que un día tuve que decir: "¡Basta! No quieres ver la luna ni el sol ni las estrellas, ni el brillo de tus ojos y los míos. Y tampoco me dejas verlo a mí, que sólo sé mirar a través de los tuyos. Tengo todo el amor del mundo para dar y tú no lo quieres recibir. No puedo obligarte a quererlo. No puedo retenerte para nada. No quiero seguir desapareciendo dentro de tu ceguera. Ya no más."
Entonces, tuve que aprender a mirar a través de mis ojos. A recordar que existo. A leer en el libro de la única vida que tengo. A no tirar más lágrimas ni más poemas por el abismo inerte de tus venas.
Y así llegué hasta aquí. ¡Uy!, pero si ya amanece. Los ojos humanos empiezan a abrirse. El ruído comenzará enseguida. Los movimientos decidirán apresurarse. Y la magia de la noche se interrumpirá hasta que las estrellas vuelvan a emerger de nuevo para acunar nuestro sueño. O nuestro desvelo.
O la ternura de una rosa que tomé un día de su mano para dejar en tu regazo.



LO QUE NOS NEGAMOS A NOSOTROS MISMOS


NO NECESITO NADA MÁS QUE LA VERDAD.
Busqué miles de cosas y lo único que encontré fue desconsuelo.
Ahora sólo busco una, pues en ella reside todo lo que necesito, y lo único que necesito.
Jamás necesité nada de lo que antes buscaba, y ni siquiera lo quería.
No reconocía mi única necesidad.
Pero ahora veo que solamente necesito LA VERDAD.
Con ella todas mis necesidades quedan satisfechas, mis ansias desaparecen, mis anhelos se hacen finalmente realidad y a los sueños les llega su fin.
Ahora dispongo de todo cuanto podría necesitar.
Ahora dispongo de todo cuanto podría querer.
Y ahora, por fin, me encuentro en PAZ.
Y por esa paz, Energía Superior, te damos gracias.
Lo que nos negamos a nosotros mismos, Tú nos lo has restituído.
Y ello es lo único que en verdad queremos.
-UCDM-